jueves, 26 de julio de 2012

Ruder


“Me encontraba a un lado de su cuerpo observándole su ahora desgarrado pecho, siendo cortado por mi navaja, era excitante ver la sangre recorriéndole su inerte e inútil cuerpo que solo saciaba mi necesidad de matar.
Luego de un largo rato de sacarle la piel en figuritas sin forma, abro su pecho a la fuerza con mis manos mientras la sangre salpicaba en mi ropa y en mi rostro.
Era la imagen más hermosa que había visto en mi inexistente vida.
Observe tu corazón, lo arranque y lo acaricie antes de clavarle el cuchillo mientras sonreía.
Deje de un lado el corazón y me dirigí a tus ojos, eran azules, sin previo aviso metí mis manos en ese pequeño agujero y los arranque. Realmente eran hermosos (y babosos) así que los incruste en tus costillas.
A mi vista ya ese cuerpo había perdido lo hermoso, así que lo deje allí…”

Y así es como mi sueño comenzó sin darle un fin.

Hola! Tuve ese sueño la semana pasada, el cuerpo con el que jugaba era el de mi antiguo psiquiatra, ya que cuando se lo conté, fue tanto el miedo que le di, que me recomendó con otro psiquiatra. Resulto ser mejor que el otro, pareciese que existiese un letrero “mas confianza” en su frente.

pero me devolví y lo arroje por el gran ventanal que había en esa habitación, me asome y vi como al impactar al suelo, tu cabeza ya no estaba, sonreí y fui feliz, esperando el día en que revivieras para poder volverte a matar”.

Soy un Dorito y adiós.